Abusos, vejaciones, insultos, burlas, ridiculización, abandono, mordaza, aislamiento…
Estos son los dramas experimentados por la niña que aún habita en mí.
Vivir en tierra hostil me ha capacitado para ser la mujer de hoy, resistente, valiente, docta en sufrimiento, conocedora del proceso sobre cómo afrontar el horror con voz, con palabras, logrando así, transformar el calvario en arte.
Para quienes aún tiemblan al nombrar lo innombrable, sobrevivir no es tema de victoria fácil, sino de resistencia diaria.
En Tragar Barro, conviven mis dos mundos entrelazados como heridas que aún laten.
Pasado y presente muestran cómo mi cuerpo y mi mente se convierten en archivo del dolor.
Espíritu Intenso
Honestidad
NO Victimismo
Verdad Incómoda
Célula Familiar
Vida Inocente
La línea temporal del pasado, mi infancia, adolescencia y juventud, es el territorio del horror en silencio, la casa que no protege, los cuerpos no se nombran, el miedo que se aprende a disimular. El mundo en el que me inculcaron que hablar es traicionar y donde, sin entender por qué, cada día era una batalla por sobrevivir.
La segunda línea, el presente de la mujer adulta, madre, compañera leal, es la consecuencia inevitable de aquella infancia rota. Es mi cuerpo convertido en campo de guerra. El eco del trauma que se niega a callar, que busca salida a través del dolor físico mirando mis intentos por ser feliz.
Este libro, Tragar Barro, te ofrece mi verdad:
Sanar no es olvidar, sino aprender a resistir con cicatrices en carne viva.
La vida rasgada de una niña que aprendió a respirar entre las grietas del mundo, y una mujer que carga con el eco de esas heridas.
Una confesión lúcida y valiente de la que brota el concepto de resistencia como única tabla de salvación.
Tragar Barro no ha dejado indiferente a ninguno de los lectores.
Gracias a todos ellos, por el feedback.
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Aquí estoy.